martes, 8 de diciembre de 2009

Victoria tranquilizadora

Pocas veces dos ausencias tan importantes se añoraron menos. El Granada no sólo sobrevivió a las bajas de sus extremos titulares -Benítez y Casares- sino que ganó con carácter y empaque. Sin la magia de sus solistas habituales en las bandas, pero con una propuesta generosa y conjuntada, los rojiblancos recobraron el camino de los tres puntos. La idea de equipo prevaleció sobre las individualidades, un detalle clave y nada desdeñable para aventuras futuras. Nadie se achicó con el gol del Murcia B a los diez minutos. Una vez más, crisparon al animal local.

El Granada sigue siendo feliz en el vértigo del resultado incierto, pero ayer se asemejó por fin a un bloque, gracias al desgaste descomunal de los interiores de guardia, Martín Ortega y Felipe. La segunda parte fue una faena de aliño, de las que aburren al público pero contentan al personal técnico. No pasó nada. Justo lo que tenía que pasar para que los intereses del Granada se mantuvieran intactos. Otro matiz apreciable de la propuesta del entrenador.

El toque de confianza de Tomé a la pareja Cámara-Granada en el centro del campo reportó más garantías al sentido colectivo del equipo. El primero administró el balón con inteligencia y profundizó pases determinantes en los dos primeros goles rojiblancos. Tanto Martín Ortega como Felipe desafiaron la línea defensiva adelantada del Murcia B. Es la diferencia entre estar clavado en un lugar y aparecer por sorpresa. Ambos supieron romper a la zaga rival desde atrás para asistir a Ighalo y Tariq, una sociedad ofensiva que empieza germinar.

Es probable que Benítez y Casares sean los futbolistas más eléctricos en el regate del plantel rojiblanco. Con el balón en los pies, partiendo de un costado, pueden destruir la cintura de cualquier lateral, dar notables centros y sacar un disparo demoledor. Pero sufren el defecto de fábrica del clásico extremo: la irregularidad. O son protagonistas o se desvanecen, sin términos medios. Esa tendencia a anclarse cuando no están enchufados la paga el equipo en el centro del campo, que queda expuesto al asedio de los contrarios.

Ayer, el Granada volvió a jugar con el sistema de juego con el que se empleó y perdió en Roquetas, un 4-4-2 claro con Ighalo y Tariq arriba, pero con una variación de jugadores que modificaba el mosaico. Felipe y Martín Ortega jugaron por fuera y por dentro, partiendo de la línea de cal, sin tanto impacto como los huéspedes habituales de las alas pero con mayor intervención en el juego, en lo fino pero también en lo grueso. Lo agradeció el equipo y también la delantera, más desenvuelta en ataque, con la espalda bien cubierta. Tariq apareció más veces en el área que en cualquiera de los partidos anteriores. Con suministradores a su alrededor no se oscurece tanto.

Ighalo es otra cosa. Le falta ajustar la mira para mostrarse arrollador. Tiene una potencia bestial, no hay duda, y ha encontrado la necesaria continuidad. Aunque por sus condiciones tiene pinta de lucir mucho como cazador solitario, tampoco se le vio incómodo junto a Tariq. El de Emiratos Árabes tiene su fuerte en el juego aéreo. Peinando balones hacia los lados, Ighalo puede hincharse si está listo.

Asustó el Murcia B a los diez minutos, en su primer acercamiento. Lanzó el primer córner del partido con tanta precisión que encontró a su ariete Andrés poco acosado en el área. Su remate llegó a la red y sobresaltó al Granada. Los locales no se descompusieron. Habían pisado más el campo enemigo e insistieron en su manejo, aunque con ratos algo atolondrados. La presión murciana era dura, con una defensa muy adelantada, que se convertiría en su perdición a la postre.

Cámara comenzó a trazar el fútbol local, cortando con viveza y dando buenos pases a la espalda de los zagueros visitantes. Un golpeo profundo encontró la internada de Martín Ortega por la banda derecha. Alcanzó el área con ventaja y dio un pase a Ighalo para que la empujara con suavidad, pero el nigeriano mandó el balón alto incomprensiblemente.

Diablo Ortega

No afinaba en las coordenadas el Granada, que pese a emerger como conjunto le seguía faltando cuerpo. Quizás sea una querencia difícil de trastocar. Aún así, sus aproximaciones mantenían el marchamo de calidad. Ortega era un diablo en la derecha y colgó un centro para el golpeo en plancha de Tariq, que alejó el meta Campos con flexibilidad enorme. Repetiría intervención Ortega junto a Ighalo, en unas condiciones similares a la que el nigeriano pifió, pero esta vez supo ajustar el esférico a una esquina. Era el empate, celebrado con rabia por el futbolista.

No perderían comba los locales, encantados en el baile de costa a costa. Otro pase excelso de Cámara habilitó la intervención de Felipe, cuyo centro cabeceó Tariq en carrera como si fuera un martillo. Pero el 2-1 no trajo a los locales sensación de saciedad ni ganas de atemperar el asunto. Mantuvieron la agitación y dieron alguna licencia al Murcia B, bastante inocuo. Tuvo que ser Mainz quien aclarara el resultado, en sus ya conocidas apariciones en los saques de esquina. Por más que lo sepan los contrarios, se las arregla para rematar. Esta vez, lo hizo en los morros del portero.

Las emociones culminaron con el descanso. El partido se reanudó con una frialdad funcionarial. Algo insistió el Murcia B, con un brillante futbolista, Barrancos, como abanderado. Pero la defensa rojiblanca puso el dique, especialmente en las bandas, donde Nyom anduvo sobrado y Rubén, más exigido, resolvió con energía el mucho trabajo que le dieron.

Cámara pidió el cambio por lesión y el Granada lo acusó. Con la ventaja, Álvarez Tomé meditó bien sus cambios y los gestionó con intención de dar minutos a Óscar Pérez y probar algún experimento, como la colocación de Ighalo en la derecha o el regreso de Lucena a la media. Berrocal tuvo diez minutos como único delantero y disparó dos veces a puerta, aunque sin malicia.

El segundo acto se hizo largo y hasta soporífero. Sin sobresaltos inesperados, el Granada mareó el reloj hasta dar por concluido un encuentro que le deja segundo clasificado, algo más optimista y con una nueva versión más sólida. El lío vendrá cuando vuelvan Benítez y Casares. Entonces, ¿qué?


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